«Tan recogido, tan estrecho, tan sepultado está ese Monasterio entre cuatro elevados montes, que por todas partes no sólo le cierran, mas le oprimen, que sólo es visto de las estrellas, cuando las logra verticales…
La disposición del paraje retrata la religión de sus habitadores. La retrata, y aun la influye: porque cerrado por todas partes el Horizonte, faltan objetos donde se disipe el espíritu. Sólo hacia el Cielo tiene la vista desahogo; y así se lleva todas las atenciones el Cielo.»
P. Feijóo (1676-1764).
Este antiquísimo monasterio lucense hunde sus raíces en los orígenes de la Edad Media. Y es que, se estima que en el siglo VI ya albergaba este valle a una incipiente comunidad monástica bajo la influencia de San Martín Dumiense, también conocido como San Martín de Braga, (ca. 510-580).

Sin embargo, fue la Regla de San Benito, la que ordenó la vida monacal de Samos a partir del siglo X. De hecho, en la actualidad, siguen siendo un puñado de monjes benedictinos quienes dan la vida a la abadía.
No obstante, la paz que en la actualidad se respira en el valle del Sarria (también llamado Oribio), no fue constante a lo largo de la historia. Decisiones políticas de nobles y reyes, la invasión musulmana, la reforma cluniacense, su obediencia al monasterio de San Benito de Valladolid, la desamortización y exclaustración, y al menos, dos aparatosos incendios (el último en 1951), hicieron de Samos un lugar con una historia apasionante.

Pero si hay algo que ha marcado a la Abadía de Samos es su posición estratégica en el Camino de Santiago francés desde los albores del mismo. Sus muros respiran una gran tradición hospedera, una cosechada sabiduría destinada al descanso para cuerpo y alma del peregrino. Situado entre Triacastela y Sarria en el fatigoso descenso del Camino desde O Cebreiro hasta Santiago, Samos ha sido y es parada necesaria para el peregrino. Aquí puedes leer mi recorrido de la etapa Triacastela – Sarria.


















Como suele ser habitual en las pequeñas poblaciones del Camino, además del gran conjunto monástico que ocupa el fondo del valle, el pequeño caserío que se dispone en las márgenes del Sarria, goza de establecimientos hosteleros necesarios tanto para dormir (además del albergue y la hospedería monástica), como para reponer fuerzas. Un lugar imprescindible en el Camino.
INFORMACIÓN ÚTIL
La visita al interior del monasterio: claustros, estancias, iglesia y sacristía la ofrece uno de los propios monjes, que se presta con buen sentido del humor a responder curiosidades tanto del monasterio como de su vida monástica. Para ello habrá que acceder a la portería (puerta a la derecha de la portada de la iglesia). No es posible visitar el monasterio (salvo la iglesia en las misas) fuera de los horarios marcados.
Los horarios para estas visitas son:
Laborables: 10, 11, 12, 16.30, 17.30, 18.30.
Domingos y fiestas 12.45, 16.30, 17.30, 18.30.
Hay que adquirir el ticket en la propia tienda (que recomiendo visitar) de la portería. El precio de la visita para el peregrino es de 5€.
Las misas que se celebran en la propia iglesia son todos los días a las 19.30 de la tarde, y además los domingos y festivos a las 12 de la mañana.

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