Esta etapa de 22,5 km. fue para mí, como lo es para otros muchos peregrinos y turistas, la primera del Camino de Santiago (en el año 2022).
No se trata de una etapa difícil, pues se transita en bastantes tramos por asfalto; sin embargo, escasean los tramos arbolados que nos aporten la sombra para los días de calor. Sumaremos un desnivel positivo de 387 metros, y por el contrario bajaremos algo más, teniendo 422 metros de desnivel negativo acumulado.
Quizás puedan ser algo costosos dos momentos: el primero, una subida de algo más de 500 metros después de superar las vías del tren a los pocos kilómetros de Sarria; y el segundo, es un poco antes de cruzar el puente de Portomarín, pues se trata de una bajada estrecha y entre rocas. Apoyarse en las paredes facilita este breve descenso de unos 500 metros. Aún así, se puede tomar un desvío más largo, pero más tenue, para evitar este tramo.
Sarria

Sarria es inicio del Camino para muchos caminantes, ya que es la primera gran población situada a más de 100 kms. de Santiago; requisito este indispensable para recibir la famosa Compostela; el título que otorga la Catedral de Santiago para acreditar la peregrinación. Aquí para más información. (Por cierto, aunque es muy común llamarla así, no se llama compostelana).
Es el núcleo urbano más poblado del tramo gallego del Camino -cuenta con más de 13.000 habitantes- y el que ofrece un mayor número de servicios para los peregrinos, con una elevada oferta de albergues.
Sarria, cuna de mi admirado Gregorio Fernández, acoge a sus visitantes con los brazos abiertos. En mi estancia en una más que agradable noche de agosto, en los bares y establecimientos tanto de las principales calles (Calvo Sotelo, Rúa Maior…), como de la pradera -el Malecón- que el río Sarria regala a propios y extraños, rebosaba un espíritu de acogida, sin duda favorecido por el buen tiempo estival.
Y es que el verano, aunque tiene el inconveniente de la masificación a la hora de hacer el Camino de Santiago, es un tiempo propicio para hacerlo, ya que se reduce la probabilidad de lluvias y, al contrario, es más probable contar con temperaturas bonancibles que favorecen las caminatas matutinas y vespertinas.






En cuanto a la visita cultural, destaca el Monasterio de la Magdalena, situado en la salida del Camino de Sarria. Fundado hacia 1200 por unos frailes italianos que se dirigían hacia Compostela, fue levantado entre los siglos XIII y XIV, reconstruyéndose en el XVI. Esa puede ser la razón de la mezcla de estilos que conserva, con una fachada plateresca, un claustro gótico y la bella y barroca Puerta de los Carros.
Antes de llegar al mismo, y después de subir una trabajada cuesta, encontramos la Iglesia de San Salvador, obra del s. XIII perteneciente al gótico primitivo. Tanto en este espacio como en el monasterio de la Magdalena antaño se enterraba a los peregrinos que morían llegados a este lugar.
Pero si hay una iglesia que llama la atención en Sarria, es la Iglesia de Santa Mariña. El actual templo sustituye desde finales del s. XIX a una románica anterior del s. XIII, que se encontraba en estado ruinoso y de la que tan solo se conservan un dibujo de la portada y un capitel. La misa del peregrino se celebra a las 19.30 horas.
En el Camino…
Tras una bajada empinada, jalonada por el muro del cementerio, abandonamos Sarria por la Ponte da Áspera y haremos nuestros primeros kilómetros acompañados por la vía férrea que une Lugo con Orense. Tras atravesarla, nos disponemos a encarar un trabajoso repecho que nos llevará a un pequeño páramo donde se encuentran Vilei y Barbadelo. Allí podremos reponer las fuerzas del camino en algunos albergues que cuentan con bar y cafetería.
SITIO RECOMENDADO:
- Iglesia de Santiago en Barbadelo. Después de pasar el Albergue-Bar de Vilei, desviándonos unos 60 metros del Camino encontramos esta coqueta iglesia que una voluntaria mantiene abierta y además sella credenciales con una agradable sonrisa.


En Barbadelo, podremos visitar la iglesia de Santiago, curioso ejemplo del románico gallego. Tiene una torre de planta cuadrada y una portada llena de símbolos e iconografía medieval. De este delicado pórtico destaca la figura humana con los brazos en cruz del tímpano y el juego de pájaros, animales y hombres de los capiteles del doble par de columnas.
Como es habitual en las iglesias que encontramos en el Camino de Santiago, está bordeada por las tumbas del cementerio. Una amable voluntaria se ofrece a sellar la Credencial. La iglesia de Santiago de Barbadelo es un bello ejemplo de estilo románico gallego.
El Camino continúa en una sucesión agradable de subidas y bajadas -aunque hay que decir que predominan las subidas- entre las localidades de Mercado da Serra, Leimán, Peruscallo, A Brea, -donde se puede parar a avituallarse-. Morgade, Ferreiros y Mirallos. Entre estas localidades se encuentra el archifotografiado mojón del kilómetro 100. En Mirallos también podremos visitar la iglesia de Santa María de Ferreiros, románica, que fue desmontada hacia 1790 piedra a piedra hasta la inmediata Mirallos. Es un templo modesto, pero con una interesante portada románica, que descansa sobre dos mochetes con cabeza de león. Además ofrece una espadaña barroca en la parte superior de su fachada, como se puede ver en las fotos


A partir de aquí comenzamos una paulatina bajada hasta la ladera del embalse de Belesar, donde se encuentra nuestra meta de la etapa… Pero no adelantemos acontecimientos, seguiremos nuestro camino, A Pena, As Rozas, Moimentos, Mercadoiro, donde hay un establecimiento en el que poder recostarse en unas tumbonas para descansar del camino mientras se disfruta de una Estrella de Galicia. (Por ejemplo).
SITIO RECOMENDADO:
- En Mercadoiro, hay un Bar-Restaurante que permite a los peregrinos disfrutar de una consumición en una expléndida terraza con tumbonas. ¡Todo el verde de Lugo ante tus ojos!

Al poco de reanudar la marcha, en Moutrás encontramos una tienda donde podemos comprar algún regalo, alguna provisión, o algún producto necesario para el camino. Es una tienda pensada para el peregrino. A Parrocha, con un mesón, y Vilachá, con un par de establecimientos hosteleros, son los últimos pueblos que encontramos antes de la última bajada que nos lleva al puente sobre el Miño en el embalse de Belesar. ¡Portomarín a la vista!
Portomarín

Como en las ciudades de los cuentos, la villa de Portomarín nació y creció al lado de un puente. En este caso, un puente sobre el río Miño, construido por los romanos en el s. II y reconstruido en la Edad Media. Cuando fue reconstruido en 1112, surgió a su vera un burgo dividido por el río Miño y unido por el puente, con dos barrios, el de San Pedro en la orilla izquierda y el de San Juan o San Nicolás en la derecha, surgido más tarde.
En 792 se nombra a Portomarín como el «Portumarini». Su origen parece estar relacionado con San Rosendo, obispo de Mondoñedo y fundador del monasterio de Celanova en el s. X. Su asentamiento fue propiciado por los monarcas de la época. Así, en el año 933 fue confiscado y donado por el rey Bermudo II a la Iglesia de Santiago.
Durante la Edad Media probablemente alcanzó gran importancia, hasta el punto de contar con tres órdenes de caballería, todas ellas implicadas en las labores de atención humanitaria a los peregrinos. En 1126 doña Urraca ordena levantar el hospital de peregrinos Domus Dei junto al puente y la reconstrucción de la iglesia de Santa María. Posteriormente, a comienzos del siglo XII, el rey Alfonso VII de León (1105-1157) donó a la Orden de San Juan de Jerusalén el realengo de Santa María, donde se encontraban el antedicho templo y hospital.
En el Codex Calixtinus, Portomarín es nombrado como Pons Minea, puente del Miño, siendo paso obligado en la ruta jacobea y uno de los hitos más importantes del Camino después de O Cebreiro, alcanzando su punto álgido entre los siglos X y XII.

El monumento más famoso de Portomarín es la iglesia de San Nicolás. Anteriormente era conocida como la iglesia de San Juan, por ser la residencia de los monjes de la Encomienda de San Juan de Jerusalén, orden de carácter militar y de ahí que el edificio presente una imagen a caballo entre templo y fortaleza.
Trasladada desde su antiguo emplazamiento a la orilla del Miño, hasta el actual, en el centro del nuevo emplazamiento, este singular templo románico fue construido a finales del siglo XII por discípulos del maestro Mateo. Por eso es visible la influencia del Pórtico de la Gloria compostelano en el programa escultórico de esta iglesia, especialmente en su portada. Como en la catedral compostelana, pero sin su perfección, los ancianos del Apocalipsis tocan sus instrumentos en la corte del Juez Supremo. La portada principal, en la que destaca su rosetón de gran tamaño, conserva las almenas.




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