«Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo…» que diría Sabina, son buenas aproximaciones, descritas con su voz rasgada, de una posible de finición de una metrópolis abierta: Madrid.
Es 1 de mayo y la ciudad vive su víspera más festiva. Más de dos siglos recordando su levantamiento contra las fuerzas francesas, parecen contravenir el título de esta «Foto con alma». Y es que, aunque en 1808 la ciudad no se mostró tan abierta ante Napoleón, su historia posterior avala que Madrid sí resulta una metrópolis abierta.
Madrid, denostada y amada simultánea y alternamente, hace gala de su acogida a quienes la vida les lleva a pisar sus calles. Sean «gatos» u oriundos de otros rincones y esquinas del mundo. Así, turistas, ejecutivos, deportistas, estudiantes o médicos, se ven (¿)obligados(?) a compartir decorados arquitectónicos como este edificio «Metrópolis».
El edificio, destinado originalmente a ser la sede de la compañía de seguros «La Unión y el Fénix», vió cómo sobre su cúpula tornó un Fénix por una Niké alada al cambiar la propiedad de titularidad. De clara influencia francesa, resulta como un faro anclado en asfalto, que encamina a peatones y vehículos bien por Alcalá, bien por Gran Vía.
Raúl Alonso. Madrid. España. 01 de mayo de 2025, 14:25.

