Esta etapa de 28,5 kms. entre las provincias de Lugo y A Coruña, se puede dividir prácticamente a la mitad haciendo parada en Melide. Se trata de un trazado típico «rompepiernas» donde casi no podemos disfrutar en ningún momento de terreno llano. En la etapa ascenderemos 674 metros, mientras que descenderemos 853 metros.
Destacan como principales dificultades varios tramos de bajada y subida que se nos pueden atragantar: el trecho de subida entre Ponte Campaña y Casanova de 1,5 kms; la corta y abrupta bajada al Puente de Furelos y la larga subida hasta Melide; el tramo de larga bajada y dura subida entre Boente y A Fraga Alta/Castañeda; y por último la bajada mantenida hasta el río Iso, y la subida que aunque es muy dura al principio, va suavizando hasta que llegamos a Arzúa.
Palas de Rei

En la entrada correspondiente a la etapa anterior ya hice referencia a esta localidad lucense de la comarca de Ulloa. El día que pasé por allí, me gustó ver el mercado de verduras y quesos que estaba situado en la Praza do Concello. Pude probar un rico queso fresco artesano, que sin duda alguna, dio fuerzas para continuar el Camino.
En los alrededores de Palas, a unos 10 kms., se puede hacer una excursión al Castillo de Pambre, el cual yo no he visitado, pero estoy seguro que es una visita atractiva para el turista.
En el Camino…
¡Comenzamos el recorrido! El Camino, que va serpenteando con la N-547, la cual habrá que atravesar en alguna ocasión, nos lleva hasta San Xulián do Camiño, donde se encuentra la iglesia homónima, situada al lado de un albergue con bar. El pavimento del pueblo lo han restaurado entre 2021 y 2022. Es un pueblecito que se atraviesa con encanto.




Tras atravesar el río Pambre, superamos Ponte Campaña, Casanova, O Mato, Porto de Bois, Campanilla, y O Coto, donde el Camino vuelve a acariciar la N-547. El recorrido de esta primera parte de la etapa trascurre por una combinación agradable de paisajes entre los campos de maíz, las corredoiras por carballeiras y algún que otro pastizal. Además podemos avituallarnos en los albergues y bares que salpican periódicamente el Camino.

Una vez superado O Coto nos espera una agradable bajada a Leboreiro, donde podremos ver un cabazo, un canasto gigantesco que, como los hórreos, se utilizaba para conservar el maíz; y la iglesia de Santa María de Leboreiro. Iglesia gótica, aunque persisten en ella concepciones características del románico. Tiene una nave rectangular y ábside circular, destaca por su portada principal, con arco y arquivoltas ojivales.
Después nos espera un largo tramo, un tanto anodino, junto al parque industrial de Melide, para bajar a uno de los lugares más bonitos de la etapa de hoy: Furelos y su histórico puente sobre el río Furelos, que tantos peregrinos ha visto pasar por su remozado trazado.
SITIO RECOMENDADO:
- Furelos con su puente medieval y su vecina parroquia de san Xoán de Furelos, forman un enclave único en el Camino. La localidad, pequeña, ofrece lo que tiene al peregrino con establecimientos a ambas orillas del río.

Melide

Con algo más de 7.500 habitantes, Melide, o Mellid -en castellano-, ofrece a los peregrinos todos los servicios que podemos necesitar. Se considera el centro geográfico de Galicia. Además, en Melide el Camino Primitivo y el Camino Francés se unen para juntos continuar hasta Santiago de Compostela.
Nos encontramos con una población que tiene una intensa identidad histórica jacobea y cuyos orígenes se remontan a la época medieval. En el s. XIV fue cercada por unas murallas de las que no quedan restos, así como estuvo protegida por una antiguo castillo, destruido tras las revueltas irmandiñas. Esta falta de vestigios, no quitan para que Melide sea una de las localidades más interesantes de la recta final del Camino, monumentalmente hablando.
Varios tesoros artísticos, que unidos a un pujante comercio, y a su conocida oferta gastronómica, con excelente pulpo y repostería tradicional, convierten a esta localidad en una parada obligatoria para los peregrinos.
Como en la etapa anterior, el queso Arzúa-Ulloa es producto destacado de la jornada, aunque con competidor: El pulpo de Melide. Algunos establecimientos que lo sirven se han convertido en auténticos lugares de peregrinación que cuentan cada una con acérrimos devotos -entre los que me encuentro-. Para añadir el toque dulce, la ciudad nos ofrece sus dulces típicos: unas rosquillas glaseadas con almíbar llamadas melindres, o los ricos, unas galletas de mantequilla cocida.
SITIO RECOMENDADO:
- En Melide hay varios establecimientos famosos por servir las típicas raciones de pulpo. Visité un par de veces la Pulpería Ezequiel, que aunque ha perdido el aura rústica que tenía hace unas décadas, no ha perdido el encanto de las pulperías de siempre: bancos corridos llenos de grupos de peregrinos o de amigos del lugar, tacitas de ribeiro y raciones de pulpo como si no hubiera un mañana. Todo eso y bastante más ofrece la Pulpería Ezequiel.

Entre el patrimonio artístico de Melide, destaca la Capilla de San Roque. Construida en 1949 con materiales procedentes de las demolidas iglesias medievales de San Pedro y San Roque. Su portada principal, románica, es una de las más bellas del arte medieval gallego. A su lado se levanta, además, un crucero gótico del siglo XIV, considerado por Castelao (escritor, político y uno de los padres del nacionalismo gallego) como el más antiguo de Galicia.


En el Camino…
Continuamos el Camino siguiendo las flechas amarillas, que nos conducen a la parroquia de Santa María de Melide, donde brilla la iglesia del mismo nombre. El templo es románico de finales del XII , tiene una sola nave y ábside semicircular y alberga la única reja románica de Galicia. Destacan sus dos espectaculares fachadas y las pinturas murales de su interior, fechadas en el s. XV.
La portada oeste, parece la principal porque tiene mayor complejidad y dimensiones. Es bastante curiosa por su acusada ornamentación de tipo geométrica de sus arcos. Tiene dos arquivoltas de finos baquetones y una tercera, la más, exterior que cuenta con una serie de rebajes con casetones rectangulares con diversos ornatos geométricos de lo más extraño. El conjunto está trasdosado por una potente chambrana ajedrezada.




Seguimos el Camino por uno de los tramos más bonitos de estas etapas hasta llegar a cruzar el río Catasol por un rústico puente de losas de piedra. No es raro encontrarnos a peregrinos haciéndose fotos en este paraje idílico.

Superamos el repecho que nos lleva a Parabispo (bar con césped) y Boente de Arriba (albergues) y Boente da Baixo (bares, albergues) cuya iglesia de Santiago permanece incansable al lado de la carretera acogiendo a los peregrinos.
Encaramos ahora otro de los tramos que nos harán sudar en la etapa, y es que tras una bajada acusada y alcanzar el río Boente, comenzamos un duro repecho que parece no acabar nunca y que nos conduce hasta A Fraga Alta (Castañeda).
Según el Códex Calixtinus, Castañeda era el lugar donde estaban los hornos de cal utilizados para la construcción de la catedral de Santiago. A cuya obra contribuyeron los peregrinos cargando en su morral una piedra desde los montes de Triacastela, aumentando así su penitencia.
Proseguimos con varios toboganes de subida y bajada que acabarán en una larga y llevadera bajada que nos permitirá dar con nuestros pies en el río Iso. Se trata del famoso lugar de Ribadiso da Baixo (albergues, mesón). Al lado del puente del Camino podremos remojar nuestros cansados pies en las frías aguas del Iso en una pequeña playita fluvial de cantos rodados.
SITIO RECOMENDADO:
- El frío río Iso permite al peregrino tomarse un descanso al lado del puente del Camino y junto a un par de albergues y un mesón. Una pequeñita playa fluvial invita a descalzarse y dejar que el agua ¡gélida! desentumezca nuestros pies, cansados de la caminata. ¡Venga! ¡Un remojón en Ribadiso!

Una vez repuestas nuestras fuerzas, podremos iniciar el último tramo de la etapa. ¡Ya solo quedan unos 3 kms para llegar a Arzúa! Sin embargo, es uno de los tramos más poco agradables del Camino. La dura subida inicial a Ribadiso de Arriba, junto con la interminable entrada a Arzúa, hacen de estos últimos kilómetros un verdadero ejercicio de superación personal.
Arzúa

Arzúa es un importante municipio coruñés que cuenta con algo más de 6.000 habitantes, y de gran importancia en el Camino de Santiago, ya que es donde se unen el Camino del Norte y el Camino Francés.
En cuanto a gastronomía, Arzúa destaca y es famosa gracias al Queso con D.O. Arzúa-Ulloa. También, como es lógico, destacan los platos de la cocina tradicional de Galicia como el cocido, el lacón con grelos, la empanada y el pulpo a la gallega, entre otros muchos. Cabe también destacar la exquisita y apreciada miel que se elabora artesanalmente en el municipio.
A lo largo de la historia, la villa de Arzúa se convirtió en señorío del arzobispado de Santiago de Compostela, que le concedió fueros y derechos en el período de mayor efervescencia de peregrinos. A mediados del s. XIV la villa fue amurallada. Arzúa se convirtió en ayuntamiento con la extensión y la composición parroquial que hoy la forman en 1836.
Personalmente, no considero a Arzúa como una localidad atractiva; sin embargo, cuenta en su catálogo monumental con la capilla de la Magdalena, único vestigio de un convento de monjes agustinos del s. XIV que, en la actualidad, sirve como sala de exposiciones y conferencias. A pesar de que en su mayor parte es de mampostería popular, la capilla conserva elementos de cantería, que revelan su origen románico. Y la Iglesia parroquial de Santiago, construida entre 1955 y 1958. Este es un buen sitio para sellar nuestra credencial del Peregrino.

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