Es difícil encontrar una ciudad que aúne tantas y tan buenas excusas para visitarla. ¿Que a qué me refiero? Pues veamos… tiene una catedral con unas vidrieras que quitan el hipo, un barrio en el que con dos cañas has comido, un palacio de Gaudí, unos frescos que son llamados la Capilla Sixtina del románico, unas murallas romanas, unas iglesias románicas ejemplares, y alguna joya del renacimiento. Y además se trata de la capital que une la milenaria Vía de la Plata con el legendario Camino de Santiago. ¿Para qué quieres más?
Índice:
- Un poco de historia…
- ¡Comenzamos la visita!
- Convento de San Marcos
- Basílica de San Isidoro
- Catedral de León. La pulchra leonina.
- El barrio Húmedo
Un poco de historia…
Todo empezó -como en otros lugares como Lugo– con los romanos… Resulta que entre la tercera y la segunda decena del siglo primero antes de Cristo, la Legio VI Victrix, asentó su campamento en el valle del Órbigo y Torío, en lo que hoy sería León. En el año 74 d. C., Legio, como por entonces se conocía al campamento, fue ocupada por la Legio VII Gemina, que no la abandonaría hasta el s. IV. En este tiempo, fueron los encargados de proteger las minas auríferas de Las Médulas y «tener controlados» a astures y cántabros.

Vándalos, suevos, alanos, y finalmente musulmanes, instigaron y finalmente se hicieron con el control de la zona. Estos últimos, entre el 712 y el 846. Será Ordoño I quien incorpore la ciudad al reino de Asturias en el 856. Aunque uno de sus tres hijos, Ordoño II, será quien traslade en el 914 la capital del Reino de León y Galicia a esta ciudad.
En 1188, tuvieron lugar las llamadas «Cortes de León», herederas de los Concilios de Toledo del reino visigodo, y reconocidas por la UNESCO como «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo».
El viajero Al-Idrisi se refería a León allá por el siglo XII: «Allí se practica un comercio muy provechoso. Sus habitantes son ahorradores y prudentes». Y es que ser encrucijada entre el Camino de Santiago y la Vía de la Plata… ¡tiene sus ventajas!
León superó la Baja Edad Media más bien como pudo… pero ya en el s. XVI, recuperada y acrecentada en algunos barrios, se unió a Valladolid, Burgos y Zamora en el descontento por el gobierno de Felipe el Hermoso en el germen de la Guerra de las Comunidades de Castilla.
Con la llegada al trono del lejano príncipe Carlos (Carlos I o V, según se mire), la ciudad de León se dividió en el apoyo monárquico. La alta nobleza, encabezada por los Quiñones, serán partidarios del rey, y en cambio la familia de los Guzmanes apoyarán la causa comunera. Finalizadas las revueltas, estos últimos tuvieron que refugiarse en Valladolid.
Al igual que durante varios períodos de su dilatada historia, León fue también conquistada en la Edad Contemporánea. En este caso, fueron las huestes napoleónicas las que lo hicieron en varias fases entre 1808 y 1813. El ensanche urbanístico, la guerra -y su dura posguerra-, y el auge de la minería y la industria, son las últimas páginas de una historia llena de nombres, luchas y motivos por los que sentirse orgullosos de la ciudad.
¡Comenzamos la visita!
Y es que León tiene además la ventaja de tener todas las cosas a mano. Podríamos añadirla a la lista de las que yo llamo «one-day-city». Es decir, ciudades que se puede -aunque no se deba- visitar en un solo día.
Aquí tienes el mapa con las localizaciones de las fotografías y las atracciones turísticas. Un propuesta de recorrido puede ser comenzar en San Marcos, continuar hacia la muralla y San Isidoro; visitar la catedral antes o después de comer en el Barrio Húmedo, y proseguir tranquilamente por la tarde visitando la Casa Botines y el vecino Palacio de los Guzmanes.
Convento de San Marcos
Esta joya del renacimiento hunde sus orígenes en el s. XII, con la creación de la Orden de Caballería de Santiago. Fue en sus inicios templo y hospital para los peregrinos del Camino (que pasa por delante de su fachada). También fue prisión, siendo en ella encarcelado Francisco de Quevedo (1639-1643) por el Conde-Duque de Olivares. También fue escuela de veterinaria, instituto de secundaria, casa de misiones de varias congregaciones religiosas, campo de concentración en la Guerra Civil, museo de León… Hoy conserva el culto en la iglesia, es sede del Museo de León, y en el claustro se encuentran las dependencias del Parador de Turismo.

Lo que más destaca es la fachada del convento, hoy Parador. Aunque nos pueda parecer un conjunto íntegro, cabe señalar que desde la espadaña del centro hacia el río -a nuestra izquierda, colocándonos en frente- se trata de un añadido del s. XVIII que respeta el estilo original plateresco (s. XVI) del tramo que nos lleva hacia la iglesia (la mitad de la derecha).
Juan de Orozco (iglesia), Juan de Badajoz el Mozo (sacristía y claustro) y Martín de Villarreal (fachada) fueron los encargados de llevar esta obra al culmen del renacimiento español. En concreto, su fachada plateresca, en la que trabajó entre otros Juan de Juni, esculpiendo algunos de los medallones que ensalzan héroes clásicos y figuras de la historia de España. [Ver fotos].
Además de recrearte en su fachada y visitar la iglesia, no dudes en entrar en la sacristía. Aquí verás fotos de los tres lugares.






MUSAC
Cerca del complejo de San Marcos, se encuentra el MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo. Ya el edificio merece prestarle atención. sus llamativos colorinchis de la fachada se han obtenido de la digitalización de una de las vidrieras más antiguas de la Catedral, el Halconero. De ahí obtuvieron Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno Mansilla -arquitectos del museo- su gama cromática. En el interior, siempre ofertando exposiciones curiosas e interesantes, también merece una visita tranquila.
Basílica de San Isidoro
Hay lugares casi mágicos. Lugares que tienen el poder de hacerte sobrecoger, pudiendo palpar otra dimensión temporal, física. Recuerdo la primera vez que visité el Panteón de San Isidoro. Mis ojos de niño contemplaban aquellos dibujos y colores con la sensación de que aquello no solo era parte de algo sagrado, sino también que te podía llevar a viajar a otra época.
Visité de nuevo San Isidoro en febrero de 2020. Y aunque la musealización y el nuevo acceso fueran diferentes a mi visita infantil, comprobé en mis propias carnes que aquel edificio seguía conservando sus poderes. Pero vayamos por partes y comencemos intentando comprender los no pocos avatares por los que ha pasado esta construcción.

Comienzo por un detalle para hacernos una idea de hasta donde hunde sus raíces el origen de lo que hoy es la Basílica de San Isidoro de León. Y es que allá por las inmediaciones del año 1100 (que ya ha llovido), el grueso de la iglesia que hoy conocemos se conocía como «iglesia nueva».
Sucedió esto porque, el actual edificio románico (con sus reformas góticas y otras posteriores), es como una matrioska grande que alberga en su interior restos de edificaciones anteriores.
La iglesia actual, renovada por doña Urraca y rematada por Alfonso VII (obras entre ca. 1070 y 1149), se construyó aprovechando varios muros de una basílica anterior mandada construir por doña Sancha y Fernando I. (ca. 1040-1063). De esta época conservamos el Panteón Real y el nombre de San Isidoro, puesto que se mandaron traer las reliquias del santo hispalense en el 1062.
Sin embargo, hubo otro templo anterior -del que apenas queda nada- que no recibía esta advocación, sino a favor de San Pelayo y San Juan Bautista. Esta construcción humilde fue erigida en tiempos de Alfonso V (999-1028) tras el paso poco amable de Almanzor por León (986-988 y 997). Esta doble advocación, es debida a la existencia de dos recintos religiosos. Uno más reciente, bajo la advocación de San Pelayo (niño cordobés martirizado por el Califato en el 925), cuyos restos se trasladaron a esta iglesia construida ex profeso en época de Doña Elvira (años 40-50 del s. X). Y uno anterior, conocido como el «antiquísimo» dedicado a San Juan Bautista.
Por si esto fuera poco…, encontramos nuestra -quizás- última matrioska con acento romano; ya que la ubicación del complejo al abrigo de la muralla romana, ha ayudado a conservar bajo la basílica los restos de un antiguo templo romano.

Al entrar a visitar la basílica, nos encontraremos con una típica iglesia románica, de planta basilical con tres naves. La mayor más alta que las laterales. Si nos fijamos, podremos diferenciar los añadidos posteriores: la tribuna gótica a los pies de la iglesia (s. XV) y la capilla mayor, construida por Juan de Badajoz el Viejo en el s. XVI. Todo lo demás rezuma románico: sus arcos de medio punto, -fíjate en los que son peraltados-, bóvedas de horno en los ábsides laterales, decoración de taqueado jaqués. Fíjate también en los arcos polilobulados del crucero. ¡Son únicos!

Al exterior, además de la pulcritud del único ábside que puede verse desde la calle, brillan con luz propia dos portadas románicas. La del Cordero (más a la izquierda, da acceso a la iglesia) y la del Perdón. La primera (ca. 1100) representa en su tímpano la escena del sacrificio de Isaac y el cordero místico. La segunda, -algo posterior-, alude a la muerte, resurrección, descenso al infierno y ascensión de Cristo.
Si entramos al museo de San Isidoro, -cuando yo fui, el acceso estaba en la plaza de Santo Martino, 5-, podremos visitar el famoso Panteón Real. Debido a las restricciones a la hora de hacer fotografías in situ, no te puedo mostrar aquí ninguna, pero te aseguro que ver las pinturas murales no tiene precio. Tanto los frescos, como los capiteles y el propio lugar per se, merecen ya la visita a León.
Además del Panteón Real -donde encontraron sepultura 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, 9 condes y diferentes nobles leoneses-, podremos visitar su rico museo. Quizás el más importante para estudiar la España medieval. En él podremos ver el claustro románico y renacentista, la antigua veleta en forma de gallo, ejemplares de arquetas (de marfil y de Limoges), el supuesto Santo Grial -llamado Cáliz de Doña Urraca-, o la biblioteca renacentista.









Catedral de León. La pulchra leonina.
Una de las mejores experiencias que uno puede tener no solo en la visita a León, sino también como turista, es entrar en la pulchra leonina. Entrar en su espacio divinamente luminoso, sus bóvedas infinitas y la sensación de viajar en el tiempo, será una de las experiencias más gratificantes que puedas tener.
Te recomiendo que leas mi entrada sobre la Catedral de León. Ahí encontrarás su cronología y entenderás un poco mejor su historia.

El barrio Húmedo
Que digo yo que ya está bien de tanto arte y tanta historia… ¡Que al cuerpo hay que alimentarlo bien! Así pues, nos dirigimos al Húmedo para dar cuenta de algunas tapas típicas de León.
Plaza Mayor
Tanto la Plaza Mayor como la contigua plaza de San Martín aglutinan en su entorno los establecimientos hosteleros con los que poder degustar la rica gastronomía leonesa. Con la ayuda de un vino de León -atrévete con un «prieto picudo»-, unos cortos, o unos butanos para refrescar el gaznate, las tapas de morcilla, embutidos como la cecina, jijas con huevo frito, croquetas y un largo etcétera, nos ayudarán a reponer fuerzas. ¡Seguimos de visita por el Húmedo!
La Plaza Mayor data de mediados del s. XVII, edificada tras un incendio que devoró los inmuebles de la zona. Destaca en ella el Consistorio, que no ayuntamiento, aunque pueda parecerlo. Edificio barroco rematado por un par de chapiteles. [Foto inferior].

Plaza del Conde Luna
Cercana a la Plaza de San Martín -corazón del Húmedo- se encuentra la Plaza del Conde Luna. Ocupada por el Mercado homónimo. También se encuentra allí el Palacio del Conde Luna (iniciado en el s. XIV) y que alberga un interesante museo sobre el Reino de León. En él podremos ver entre otras piezas el Cristo de Carrizo: una pequeña talla románica (s. XI) de marfil y que perteneció al monasterio cisterciense de Carrizo de la Ribera.


Plaza del Grano
Más hacia el sur, la Plaza del Grano, o también llamada Plaza de Santa María del Camino, por la iglesia homónima, conserva el sabor de la historia medieval y un cierto toque al mundo rural que tan importante fue y es en la capital leonesa.


Vamos a ir acabando esta recorrido de un día por León transitando por la Calle Ancha, antiguo «decumano» del campamento romano, y actual arteria turística y comercial de León. Esta animada calle es la espina dorsal del casco antiguo de León. Al norte de ella, el barrio Romántico donde tapear y comer; al sur, el barrio Húmedo, del que ya he hablado. Al este, la Plaza de Regla donde reina la silueta de la Catedral, y al oeste la plaza de San Marcelo, donde conviven dos joyas de la arquitectura civil.
El palacio de los Guzmanes
Sede actual de la Diputación de León desde finales del s. XIX, es un ejemplo de la arquitectura civil palaciega del renacimiento. Comenzado a construir entre 1559-1566 por Juan Gil de Hontañón y Juan Ribero Rada en un puro estilo renacentista, hubo de ser reacondicionado en diferentes ocasiones con motivo del deterioro que sufría a causa del abandono. No fue hasta 1975 cuando se acabaron las obras de reacondicionamiento.
Ramiro Núñez de Guzmán, lider comunero, -como señalé previamente-, fue quien mandó construir el palacio en un solar trapeizodal. Para que el palacio pudiera ser bien visto, hubo de comprar solares contiguos (hoy plaza de San Marcelo y Casa de Botines), para que su palacio brillara sobre cualquier otra edificación.
Atravesando su portada renacentista -similar al Palacio de Monterrey de Salamanca-, llegamos al zaguán, mediante el que accederemos al patio que articula todo el palacio. Fiel a la tradición medieval hispánica el acceso desde el exterior al interior está descentrado. Si queremos acceder desde la plaza al patio deberemos cruzar en diagonal el zaguán.
El patio, bien proporcionado, se articula en el cuerpo inferior con columnas jónicas (con la curiosidad de que los capiteles están puestos de perfil), que sostienen arcos escarzanos. En el cuerpo superior, son columnas corintias las que sostienen arcos carpaneles.



Casa Botines
Podríamos preguntarle al San Jorge del tímpano de la puerta: ¿qué hace un edificio como tú en un sitio como éste? Y es que, junto con el Palacio Arzobispal de Astorga y «El Capricho» de Comillas, la Casa Botines, es uno de los tres edificios de Gaudí fuera de Cataluña. Y esto… ¿cómo pudo ser?
Corría 1891, cuando Juan Homs y Botines, comerciante catalán en asuntos de compra-venta de joyas, muebles y también valores, y afincado en León, adquirió -tras un costoso pleito- el local contiguo al palacio de los Guzmanes. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid; o mejor dicho, que Gaudí estaba trabajando en Astorga, cuando el comerciante solicitó los servicios del genial arquitecto catalán.
Pese a algunas resistencias locales que auguraban un mal fin al edificio por el modo de hacer del arquitecto catalán, la construcción fue bastante rápida y se concluyó el edificio en apenas 10 meses. acabándose en noviembre de 1892.
Gaudí procuró que el edificio se «llevara bien» con sus «vecinos»; por lo que, a pesar de ser un edificio modernista, procuró que no disonara tanto con su vecino próximo el Palacio de los Guzmanes, como con la abuela de la ciudad: la Catedral, que por aquellas fechas estaba culminando su larga restauración. Me atrevo a decir que Gaudí diseñó la Casa Botines para que fuera lo más «León-friendly» posible.
Y es que, utilizó un lenguaje gótico en puertas, ventanas, gabletes, chapiteles… el almohadillado rústico articulado por largas cornisas. En la puerta destaca el San Jorge, réplica (1956) de Andrés Seoane -salvador de la catedral en el incendio de 1966 y escultor también de la copia de la Virgen Blanca de la catedral-.
Aunque la promoción inicial corrió a cargo de los socios de Homs y Botines, Mariano Andrés González-Luna y Simón Fernández Fernández (también se conoce como Casa Fernández-Andrés), tras varios cambios de propiedad, acabó en manos de Caja León, a la postre Caja España y en la actualidad, Fundación Obra Social Castilla y León (FUNDOS).
No te pierdas los detalles del exterior, y si puedes visítalo por dentro. Actualmente es un museo, con una parte de colección permanente y otra, de interesantes colecciones temporales. Aquí para más info.




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