Fuera de las aglomeraciones que sufre la vieja Venecia se conservan aún pequeños reductos de paz y sosiego. Lugares que enamoran y que permiten tener una experiencia única. Es el caso de la basílica de San Giorgio Maggiore, que ubicada en la isla homónima, tiene el honor de vigilar a una discreta distancia lo que pasa en la Serenissima. Así lo haremos además, si subimos a su estilizado campanile.
Acabo de terminar la visita de la elegante basílica palladiana, -incluyendo el campanario, claro-, y cuando me encaro a la puerta de la iglesia no puedo si no asombrarme por la belleza que la vista me ofrece. Enfilada la Salute entre las oscuras jambas, solo hay que dejar que los azules tan venecianos de cielo y mar brillen reflejándose en el suelo desgastado.
Raúl Alonso. Venecia, Italia. 17 de marzo de 2023, 11:49.

