La palabra latina «popolo», que da apellido a la vecina iglesia de Santa María, sigue teniendo todo el sentido en el presente. El pueblo, las personas, siguen dando vida a esta plaza tan peculiar que delimita el norte del centro turístico de Roma. Hoy, el «pópolo», son una pareja decidida a atravesar la plaza, un coche que parece trasladar a algún alto cargo de los carabinieri, turistas fascinados por el tridente y el obelisco egipcio…
Y allí me encuentro, a media mañana, bajo uno de los arcos de la vetusta Porta del Popolo, -en la que trabajó Bernini-, y que vio llegar, entre otras muchas personalidades, a la reina Catalina de Suecia después de abrazar el catolicismo en 1655. De ahí la inscripción que ordenó grabar el Papa Alejandro VII Chigi en el frontispicio interior de la puerta: «Por una feliz y auspiciosa entrada en el año del Señor de 1655».
Raúl Alonso. Roma, Italia. 1 de marzo de 2024, 10:04.

