Valladolid es una ciudad de rincones y rinconadas. Uno de ellos, coqueto, cosmopolita, e intermitentemente melancólico, es el Pasaje Gutiérrez. Esta suerte de calle cubierta o galería estaba destinada a albergar locales de comercio y ocio para el disfrute de la floreciente burguesía castellana. Hoy, son cafés, copas y mojitos los que siguen haciendo las delicias de los vallisoletanos en las horas de tardeo y «trasnocheo». Y es que, desde 1885, -y a ejemplo de otras galerías europeas abiertas en Bruselas, París, o Milán-, el Pasaje Gutiérrez es lugar de culto del dios de las transacciones por excelencia: Mercurio.
Aquí podemos verlo, en toda su desnudez manierista, sosteniendo grácilmente la luminaria que decora estéticamente la rotonda que lo acoge. Siempre que paso a su lado me pregunto si no se cansa de volar y cuál será su destino.
Raúl Alonso. Valladolid, Castilla y León. 14 de julio de 2024, 18:42.

