Si llegas a Florencia en tren, seguramente lo harás a la estación Santa María Novella (Firenze SMN), que toma el nombre prestado de su vecina iglesia. De hecho, según sales del amplio vestíbulo ferroviario, te encontrarás con un esbelto campanile de pietraforte al otro lado de la Piazza della Stazione. ¡Esa es nuestra iglesia!
Si quieres dejar para más tarde la visita al convento, puedes empezar este recorrido que te llevará de Santa María Novella al Arno.
«Nella venerabile chiesa di Santa Maria Novella, un martedì mattina, non essendovi quasi alcuna altra persona, […] si ritrovarono sette giovani donne…»
Giovanni Boccaccio. Decamerón.
Si piensas en Florencia, te vendrá la noción, seguramente, de ser la ciudad cuna del renacimiento. Sin embargo, debemos acercarnos a Santa María Novella como una construcción medieval, gótica; gracias a la cual, podremos bucear en la génesis de la eclosión renacentista de la ciudad de Florencia que vendrá unos siglos posteriores.

Fue en el siglo XIII (el Duecento) cuando algunas órdenes mendicantes, atraídas por el auge y la buena situación de Florencia en la península itálica, decidieron apostar por la capital del Arno para establecerse a las afueras de la muralla de la misma. Así fueron sucediéndose diversas fundaciones: Santa María Novella (dominicos), Santa Croce (franciscanos), San Marco (benedictinos y dominicos) o San Miniato (benedictinos)… Sin este movimiento fundacional monástico, Florencia no habría llegado a ser lo que es.
A su llegada a Florencia en 1219, la primera comunidad de doce dominicos, se establece en una primitiva iglesia que se conservaba -nombrada como de Santa María de la Viña-. Fue en 1249 cuando decidieron construir la actual iglesia que podemos contemplar hoy.
Convento de Santa María Novella
P.za Santa Maria Novella, 18
T: 7,50€. Reducido: 5€. La iglesia se puede visitar para rezar. La entrada permite acceder a todo el complejo.
H: L-J: 10 a 19:30h.
V y fiestas civiles: 11 a 19:30h.
S y vísperas de fiesta: 9 a 17h.
D y festivos religiosos: 13 a 17h.
La fachada
La fachada de la iglesia nos podría inducir a engaño. Pues aunque parezca haberse diseñado con uniformidad en una única fase, tuvo dos momentos constructivos. En un primer momento, sobre 1350, fue recubierta la parte inferior de la fábrica original con bandas y motivos geométricos de mármol, al igual que podemos encontrar en otras iglesias florentinas (San Miniato al Monte) y pisanas. De esta primera etapa son también los arcos funerarios de la fachada, que posteriormente continuaron rodeando el complejo. En uno de ellos estuvo enterrado el célebre pintor Domenico Ghirlandaio, que trabajó decorando la capilla mayor, como luego veremos.

En una segunda fase, entre 1458 y 1470, la familia Rucellai encarga a Leon Battista Alberti, uno de los arquitectos que despliega el lenguaje del primer renacimiento, terminar la fachada entonces inconclusa. Alberti logra integrar con bastante maestría la decoración tardorrománica de los mármoles inferiores y la disposición de los elementos arquitectónicos ya existentes: los nichos funerarios góticos, las puertas y el rosetón, con un nuevo lenguaje renacentista. Para ello, hace coincidir las arquerías decorativas (que erróneamente parecen continuar por detrás de las columnas), con una puerta de entrada a modo de arco triunfal romano, flanqueado por columnas de verdoso mármol.
Fíjate en varias cosas de la fachada:
1. El curioso friso decorado con el emblema heráldico de la familia Rucellai (una vela con cuatro cabos al viento, símbolo de la boyante economía de la familia).
2. La esfera armilar y el gnomon que sobresalen de la portada. ¿Sabías que gracias a ellos se calculó la discordancia entre el calendario juliano (Julio César, año 46 a.C.) y el gregoriano (Gregorio XIII, 1582)? Gracias a estas herramientas, el dominico Ignazio Danti pudo asesorar para el cambio de calendario que «se cargó en una noche» 10 días, pasando del 4 al 15 de octubre de 1582 en una sola noche.
3. La decoración geométrica y la distribución de los cuerpos y calles de la portada obedecen a un gusto casi obsesivo -propio de lo estudiosos neoplatónicos florentinos- por las proporciones. En concreto, la proporción áurea está muy presente en la fachada. Esta corriente neoplatónica también estudiaba las proporciones entre las notas musicales y su relación con la llamada «música de las esferas». De ahí también que aparezca la decoración de estrellas, cada una diferente, en la portada.
Diseñó para la parte superior de la fachada la decoración de dos volutas invertidas para salvar la diferencia de anchura entre nave central y naves laterales. Te invito a que observes con detalle la minuciosidad de los detalles de los mármoles de la fachada. Entre ellos encontrarás la inscripción: IOHA(N)NES ORICELLARIUS PAV(LI) F(ILIUS) AN(NO) SAL(VTIS) MCCCCLXX (Giovanni Rucellai. Hijo de Paolo. Año de salud de 1470).






Interior de la iglesia

Aunque se tiene constancia de la llegada de los primeros dominicos a Florencia sobre el año 1219, fue en 1246 cuando se comienza a construir la actual iglesia. Articulada en tres amplias naves cubiertas por generosas bóvedas góticas de crucería, su planta parece estar inspirada en los monasterios cistercienses borgoñones. Quizás únicamente Santa Croce, -algo posterior-, le dispute ser la obra maestra de la arquitectura gótica florentina.

Aunque entre 1565 y 1572 Vasari reordenó el espacio interior suprimiendo el coro monástico gótico y reemplazando algunas pinturas murales también góticas, -digamos que el estilo gótico no era muy de su agrado-; en la iglesia se conservan grandísimas obras del Trecento y Quattrocento florentino. ¿Descubrimos algunas de ellas?






La Trinidad de Masaccio
Fresco. Hacia 1426-1428.
En la pared del tercer tramo de la nave del evangelio (la de la izquierda según miras a la capilla mayor), encontramos este inusual fresco renacentista. Masaccio (Tommaso di ser Giovanni di Mone Cassai, 1401-1428) parece concebirlo casi más como un trabajo de estudio de perspectiva arquitectónica que un fresco destinado a mover a la piedad popular.

De esta manera, el marco arquitectónico -tan brunelleschiano-, adquiere mayor protagonismo que el de las figuras de Dios Padre, el Espíritu Santo, y el Hijo crucificado. Éstas se disponen escalonadamente a través del espacio junto con la Virgen, San Juan y el matrimonio del Banderaio, los donantes, situados en un plano inferior.
El sarcófago de la parte inferior, tiene la misión de recordar al fiel (y al turista) la levedad de la vida terrenal. La inscripción reza: «Ya fui antes lo que sois vosotros y vosotros seréis lo que soy yo».



Cuando hice la visita, la obra estaba restaurándose, por lo que era muy difícil acercarme. Sin embargo, colaborando con una pequeña cantidad, se podía subir a un andamio y poder ver secciones del fresco a la misma altura que los personajes, y con una buena iluminación. Así que aunque no se pudiera ver el fresco completamente restaurado, sí podías ver la mayoría desde una perspectiva muy diferente. ¡Mereció la pena!
Crucifijo de Giotto
Temple sobre tabla, c. 1312.
Suspendido en el cuarto tramo de la nave central de la basílica, nos llamará la atención este imponente crucifijo pintado por Giotto (Giotto di Bondone, c. 1266-1337). Aunque no lo parezca, es relativamente reciente y novedosa su disposición actual en la iglesia, ya que desde sólo desde 2001 (tras su restauración) se puede contemplar aquí éste crucifijo. Originalmente, -hasta que Vasari hizo de las suyas remodelando la iglesia-, el espacio longitudinal de la iglesia estaba dividido mediante el muro del coro en dos sectores: el inicial -desde la entrada- era llamado iglesia de los fieles o ecclesia inferior, y el posterior se denominaba superior, coro de los frailes o ecclesia fratrum. Ambas «iglesias» estaba divididas por un muro divisorio que salvaban los púlpitos y en el que estaría colgado originalmente el crucifijo de Giotto.

Giotto se inspira en los maestros pisanos y florentinos, que a su vez bebían de la tradición bizantina, y actualiza el estilo incorporando un mayor naturalismo a la figura. En ella podemos contemplar un mayor protagonismo de la humanidad con respecto a la divinidad bizantinizante -mayormente destacada en obras anteriores de Cimabue o Giunta Pisano-.
Te invito a colocarte cerca y mirar a la cara a sus personajes, descubrirás algo más de cerca ese naturalismo y humanidad tan propio de Giotto.
Continuemos avanzando hacia el presbiterio donde se despliegan un buen puñado de capillas a cada cual con su encanto y obras de arte. ¡Veámoslas de derecha a izquierda!
Capilla Ruccelai
(También llamada capilla de Santa Catalina)
Esta capilla funeraria de la familia, que a posteriori encargaría la remodelación de la fachada a Alberti, se sitúa elevada en la pared oriental del transepto. Construida entre 1320 y 1325, albergaba la Madonna Ruccelai de Duccio (ahora en los Uffizi). Los frescos que la decoran, a pesar de haber sido restaurados, están bastante maltrechos. Y además, no pude visitarla, ya que estaban restaurándola.
Capilla Bardi
(Capilla de San Gregorio, o del Rosario)


Es la segunda capilla situada a la derecha de la capilla mayor. Patrocinada por los Bardi desde 1335, encargaron la decoración pictórica con la serie sobre la vida de San Gregorio al pintor anónimo boloñés conocido como Pseudo Dalmasio, que realizó el encargo en el tercer cuarto del Trecento. En un estrato inferior que ha salido a la luz en los lunetos, preexistían frescos de Duccio di Buoninsegna. Preside la capilla la obra de Vasari que también da nombre a la capilla: Virgen y misterios del Rosario (ca. 1570).
Capilla de Filippo Strozzi
(Capilla de San Felipe y Santiago apóstoles)
El famoso banquero Filippo Strozzi (1428-1491) adquirió este espacio en 1486, y al año siguiente, encargó al pintor Filippino Lippi (no confundir con su padre, Fra Filippo Lippi) la decoración de la capilla (terminada antes de 1502). En ella, el preciso pintor florentino, desplegó dos frescos, cada uno sobre las vidas de san Felipe y de Juan Bautista.






A la derecha, San Felipe expulsa a un dragón del templo de Hierápolis y en el luneto La crucifixión de San Felipe. A la izquierda, San Juan resucita a Drusiana y sobre él, El martirio de San Juan Bautista. En la bóveda: Adán, Noé, Abrahán y Jacob. Muy interesante el estudio que hace Filippino Lippi de la arquitectura en ambos frescos principales.
A la muerte del banquero en 1491, se encargó a Benedetto da Maiano su monumento funerario (1491-1493) en pórfido, que podemos ver bajo el altar.
Capilla Tornabuoni
(Capilla mayor o de la Asunción)

En 1485, el -también- banquero Giovanni Tornabuoni, adquirió el patronato de la capilla mayor. Al año siguiente, contrató por la suma de 1.100 florines de oro a Domenico Ghirlandaio (1449-1494) y su taller, la decoración completa de esta capilla. La capilla, que ya había sido pintada por Orcagna a mediados del Trecento, sufrió desperfectos a causa de un rayo y de posteriores humedades.
Aunque Domenico Ghirlandaio fue quién contrató la obra, quien ideó el programa iconográfico y quien bocetó personalmente todas las escenas, gran parte de las mismas las ejecutaron su hermano David, su cuñado, el taller, e incluso un jovencísimo treceañero Miguel Ángel, al que hay que imaginarlo empezando a aprender este noble arte de la pintura en esta misma capilla.

Ghirlandaio diseñó una decoración ya completamente renacentista con la temática de la vida de la Virgen (pared izquierda y ámbito superior e izquierdo de la pared frontal) y de San Juan Bautista (pared de la derecha y una escena de la derecha de la pared frontal).
Para los personajes que aparecen en las escenas, el taller de los Ghirlandaio utilizó como modelos a contemporáneos ilustres. Los podemos contemplar en los personajes que aparecen en las escenas más bajas (para que pudieran ser vistos más fácilmente). Encontraremos a miembros de las familias Tornabuoni o Medici, miembros de la Academia neoplatónica florentina como Marsilio Ficino o Agnolo Poliziano.

Además del gusto por la fidelidad a los rostros, Ghirlandaio se esmeró en el estudio de las perspectivas arquitectónicas y en el empleo de arquitecturas -más utópicas que reales- en los fondos de algunas de las escenas.
¿Sabes que puedes encontrar una jirafa entre los frescos de la Capilla Tornabuoni?
Resulta que en 1487 se pudo ver por las calles de Florencia este axótico animal al que llamaban «camelopardo». Y es que en una visita del sultán de Egipto a Florencia, sabiendo el gusto de los Médici por los animales exóticos, regaló una jirafa a la familia florentina.
La jirafa (que no sobrevivió al duro invierno toscano) se hizo tan famosa entre los florentinos, que Ghirlandaio la incorporó… a la escena de la Adoración de los Magos (la puedes ver en la parte derecha de esta escena).
Vamos con el detalle de las escenas de los dos ciclos. La paredes laterales se disponen con tres cuerpos superpuestos formados por dos escenas cada uno y sobre ellos, una séptima escena que alcanza hasta los nervios de la bóveda.
Escenas de la Vida de la Virgen (pared izquierda). Para seguir el «recorrido cronológico», tendremos que seguir las escenas, «como si fuera un cómic», de abajo a arriba y de izquierda a derecha.
- Expulsión de Joaquín del Templo por ser estéril, (abajo izquierda).
- Natividad de María, (abajo derecha).
- Presentación en Templo, (medio izquierda).
- Desposorios de la Virgen, (medio derecha).
- Natividad de Cristo con Adoración de Magos (arriba izquierda).
- Matanza de los Inocentes (arriba derecha).
- Muerte y Asunción de la Virgen (luneto)






Escenas de San Juan Bautista (pared derecha). En este caso, el hilo conductor de las escenas es de abajo a arriba, pero de derecha a izquierda.
- Aparición del ángel a Zacarías, (abajo izquierda).
- Visitación, (abajo derecha).
- Nacimiento del Bautista, (medio izquierda).
- Zacarías, enmudecido, escribe el nombre que se dará a su hijo, (medio derecha).
- Predicación del Bautista, (arriba izquierda).
- Banquete de Herodes, (luneto).
- Bautismo de Cristo, (arriba derecha).









Pared frontal. Los frescos se disponen en los huecos que rodean al gran ventanal tríforo que ilumina la capilla. En la parte inferior los retratos de los dos comitentes, el matrimonio Tornabuoni. En la parte central, dos escenas que complementan los ciclos de sus paredes contiguas. Y en las partes superiores, dos escenas de dos santos propios de la orden dominica: Santo Domingo de Guzmán y San Pedro Mártir.
- Giovanni Tornabuoni (abajo izquierda).
- Francesca Pitti, (abajo derecha).
- Anunciación, (continúa el ciclo de la pared contigua sobre la Virgen, en el centro izquierda).
- San Juan en el desierto, (continúa el ciclo de la pared contigua sobre la vida del Bautista, en el centro derecha).
- Santo Domingo y la prueba de los libros en el fuego (arriba izquierda).
- Asesinato de San Pedro Mártir (arriba derecha).
- Coronación de la Virgen y santos, (luneto superior).



Completa la decoración de la capilla los cuatro evangelistas que parecen flotar desde lo alto de la bóveda de crucería. Y por si no tuvieras suficiente con la pintura, la capilla está precedida por un crucificado (situado sobre el altar neogótico), obra del mismo Giambologna. ¡No te lo pierdas!.
Capilla Gondi
(Capilla de San Lucas)

Diseñada por Giuliano da Sangallo, y comparada con las dos anteriores, la sencillez de esta capilla permite disfrutar de una obra única: el Crucifijo de Brunelleschi. El genial arquitecto pionero del renacimiento, se quitó -al parecer- la espinita de la escultura mediante este crucifijo. Según Vasari -que además de pintar y remodelar iglesias a su gusto, también escribió-, Brunelleschi esculpió este crucifijo como respuesta al de Donatello (en Santa Croce) que le pareció «algo primitivo».
Las pinturas de la bóveda son de las más antiguas de la iglesia, atribuidas a un maestro greco-bizantino.
Capilla Gaddi
(Capilla de san Girolamo)
Esta última capilla ubicada en la parte frontal del transepto fue modificada por un discípulo de Miguel Ángel entre 1575 y 1577. Con pinturas de Bronzino y Allori, fue de las primeras capillas en decorarse con mosaico y piedras duras en el siglo XVI.
Capilla Strozzi de Mantova
(Capilla de Santo Tomás de Aquino)
Situada en la pared del brazo occidental del transepto, se accede a ella mediante unas escaleras. Mandada construir después de 1340 tras la canonización de Tomás de Aquino (en 1323), está decorada por complejos frescos inspirados en la estructura del reino de los cielos que ofrece «La Divina Comedia» de Dante (Purgatorio, Infierno, Paraíso y Juicio Universal). Obra de los hermanos Nardo di Cione y Andrea Orcagna entre 1350 y 1357. El políptico que preside la capilla también es de Andrea Orcagna.

Antes de salir a recorrer los claustros, completa la visita a la basílica entrando a la sacristía. Aunque fue una capilla edificada en el Trecento, fue modificada ampliamente en el Cinquecento y en el Settecento. En ella puedes ver un lavabo de mármol con la decoración cerámica típica del taller de Andrea della Robbia (1498). Hoy es, además, tienda del monasterio, y en ella puedes comprar no solo souvenires y recuerdos, sino también artículos religiosos e incluso alguna manufactura propia del monasterio.

El «Claustro verde»
Situado en un plano ligeramente inferior con respecto al nivel de la iglesia, el claustro verde es un remanso de paz que contrasta con las vecinas plazas extramuros de «la Stazione» o «dell’Unitá Italiana», siempre plagadas de tráfico y ruido.



Construído entre 1332 y 1350, toma el nombre de claustro verde (chiostro verde), por el color de las pinturas murales «en tierra verde» (debido al óxido de hierro y ácido silícico) que lo decoraban. Y digo que lo decoraban, porque hemos perdido tanto el color -seguramente tan llamativo como para dar el apelativo al claustro-, como la mayor parte de los frescos. Parte de todo el conjunto que ejecutó Paolo Ucello (entre 1425-1430), ha podido ser rescatado y restaurado, pudiendo contemplarse los mejor conservados en la estancia que fue el antiguo refectorio monástico y que hace las funciones de sala del propio museo de Santa María Novella.



La capilla de los españoles
(Sala Capitular o «Il Cappellone degli Spagnoli»)
En el lado norte del claustro verde se encuentra la primitiva sala capitular. Este gran espacio construido al tiempo que el claustro (1343-1345), fue decorado por Andrea de Buonaiuto (1367-1369). Su programa iconográfico exalta el papel de la orden dominicana en la lucha contra las herejías en la Iglesia.



El sobrenombre que recibió de «los españoles», le vino un par de siglos después. En 1565, la capilla fue concedida -como lugar de culto a la colonia española en Florencia- a Leonor de Toledo, mujer de Cosme I de Medici.
El claustro «de los muertos»
Reconozco que este rinconcito bien cuidado de Santa María Novella me gustó especialmente. No se trata de un lugar con una especial belleza, sino, más bien, diría que su atractivo se debe a su poder evocador. Y es que me pareció estar pisando el claustro de un monasterio en el mismo siglo XIII. El silencio, el atardecer, que todo lo carga de melancolía, y la soledad que me acompañaba esa tarde me hizo sentir que yo también formaba parte de aquella historia tan ajena a mí.

Este ala que albergó al antiguo cementerio de los frailes (finales del siglo XIII), es de las partes más antiguas que se conservan del primitivo complejo. No te pierdas esos pilares octogonales, la decoración de los nervios de las bóvedas, las sepulturas y la Capilla de la Anunciación con frescos atribuidos a Orcagna (1310-1368).









Claustro grande
Voy terminando ya este extenso recorrido por Santa María Novella con la visita al espacio más grande, y a su vez el quizás menos valioso: el Claustro Grande. Se trata del claustro más grande de la ciudad. Construido entre 1562 y 1592 por encargo de Leonor de Toledo. Da acceso a salas del museo de Santa María Novella que eran las antiguas pandas dedicadas a los dormitorios conventuales. Una de ellas es otra tienda del convento y otro de los dormitorios es una sala de exposiciones. Además albergan oficinas de atención al turista de la ciudad florentina.

Te recomiendo que utilices este espacio (y también el claustro verde) para descansar en tu recorrido por Florencia. Te vendrá bien descansar la vista de tanto arte y poder hacer un poco de silencio acompañado por los cipreses y la bicromía de sus arcos medievales.






Oficina del Perfume y Farmacia de Santa María Novella
(Acceso por Via della Scala, 16)
Conocida como la tienda de perfumes y farmacia más antigua de Europa (opera desde 1221), no puedes dejar de visitar este curioso e interesante espacio. Aunque tiene tienda online, su tienda muestra los orígenes monásticos de esta cultura del cuidado personal, bien mediante la medicina como gracias a la higiene. Su visita es gratuita y comparte su espacio con bastantes estancias anejas al Claustro Grande.
Farmacia de Santa María Novella
Via della Scala, 16
T: entrada gratuita
H: Todos los días de 10 a 19:30h.

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