La imagen que tenemos actualmente de los claustros, silenciosos, melancólicos, oxidados… difiere de cómo debieron percibirse durante tantos años: poblados de oraciones, confesiones, trabajos… Seguramente, si la iglesia fuere el corazón de un monasterio, el claustro, un pulmón.
Es esa atmósfera claustral, siempre tan proclive a la vida, la que da cobijo a este verde musgo que parece querer mudarse en nueva piedra. Es Galicia. Es Ourense. Es Oseira. Es el Claustro de los Caballeros. Y soy yo, quien quiere descubrir belleza mientras la vida -tan callada- se abre paso siguiendo sus leyes arcanas.
Raúl Alonso. Oseira, Galicia. 18 de agosto de 2024, 13:33.

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