Es una casa veneciana cualquiera. Y atardece en la laguna Véneta. Después de todo un día pateando por los sestieri de San Marco, Cannaregio y Castello, vuelvo cansado a mi alojamiento. Mientras mis pupilas siguen recibiendo un belicoso acoso armado de belleza, mi interior sigue haciendo sin tregua un orgánico proceso de normalización ante lo que Venecia no para de provocar: la sensación de no-realidad, de imposibilidad, de regalo nunca suficientemente agradecido.
Veo miles de ventanas, puertas, chimeneas, puentes… Aparecen nombres antaño imponentes que se van hundiendo en la laguna del olvido. Historias de una historia común de la que va quedando ya solamente la osamenta física. Una arquitectura que susurra recuerdos a la vez que añora cuidados. Algo vivo que va muriendo. Algo caduco y decadente que destila una belleza perenne y evocadora.
Raúl Alonso. Venecia, Italia. 16 de marzo de 2023, 18:10.

