Después de pasar un par de días en mi querida Roma, me encaminaba al norte de Italia, hacia las curiosas Cinque Terre. Pero cuando planifiqué el viaje, decidí hacer una parada, con cambio de tren incluído, que me permitiera pasar así un rato en Grosseto.
Amenaza tormenta. Es lo que tiene viajar en marzo. Un fuerte viento húmedo augura que la lluvia está cercana. Aún así, el tiempo aguantó durante el par de horas que pude hacer una visita fugaz a esta desconocida ciudad del sur de la Toscana.
La hora de comer, y el tiempo desapacible, parece haber confinado a los grosetanos en casas y cafés. Así, en mis caminatas entre la estación de tren y el centro histórico apenas puedo cruzarme con alguien. Sin embargo, en algún café del Corso Carducci (antigua Via Aurelia), los locales degustaban sus expresos junto con una buena compañía.
Después de visitar la Catedral de San Lorenzo y de recorrer algún tramo de sus monumentales murallas, así como callejear sin mucho tiempo por sus recovecos, al volver a la estación, me alegro de haber pasado un rato en Grosseto. Una ciudad tranquila, muy agradable para visitar. Con una historia apasionante y con un sabor a la Toscana tan auténtico como el de Siena o Pisa, pero mucho menos masificado. ¡Te recomiendo la visita a Grosseto y la Maremma!
Raúl Alonso. Grosseto. Toscana. Italia. 3 de marzo de 2024, 14:52.

