Abadía de San Miniato al Monte

Dominando la ciudad desde una de las colinas más altas, la Basílica de San Miniato al Monte es uno de los templos más majestuosos y antiguos de Florencia. Construida a partir del siglo XI en honor a San Miniato, un mártir cristiano del siglo III, esta iglesia románica combina armoniosamente mármol blanco y verde en una fachada impresionante que refleja la grandeza del arte medieval florentino. Actualmente, la abadía está habitada por monjes benedictinos olivetanos, quienes mantienen vivo el espíritu contemplativo y espiritual de este lugar histórico.

Más allá de su valor arquitectónico, San Miniato al Monte ofrece una de las vistas panorámicas más espectaculares de la ciudad. Desde su explanada, los visitantes pueden contemplar el perfil inconfundible de Florencia, con la cúpula de Brunelleschi y el campanario de Giotto emergiendo sobre los tejados rojizos. La serenidad del lugar y la armonía de sus mosaicos interiores lo convierten en un destino imprescindible tanto para los amantes de la historia como para los apasionados de la fotografía.

Puntuación: 4 de 5.

Abbazia di San Miniato al Monte

[Monjes benedictinos olivetanos]

Via delle Porte Sante, 34

T: acceso a la basílica gratuito.
H: L-S: 9:30 a 13h y 15 a 19h.
D: 8:15 a 13h y 15 a 19h.
Misas: D y F: 8:30h, 10h, 11:30h y 19:30h en latín y con canto gregoriano.
L-S: 18h eucaristía, 18:30h vísperas. Ambas en la tín y con canto gregoriano.

Los orígenes

Aunque se tienen noticias que ya denominan a la fábrica de San Miniato como basílica en el año 783, es en 1018 cuando se comienzan las obras para construir la actual basílica.

El obispo florentino Ildebrando empezó a reconstruir desde cero una grandiosa basílica de estilo románico que pudiera albergar más dignamente las reliquias de San Miniato, primer santo florentino, encontradas por el mismo obispo bajo la actual «puerta santa», en lo que quizás pueda considerarse uno de los cementerios cristianos más antiguos de Florencia.

La leyenda y la tradición cuentan que San Miniato, soldado armenio datado hacia el año 250, fue martirizado y finalmente decapitado al negarse a adorar a los dioses del panteón romano. La hagiografía completa su leyenda con el episodio en el que el propio santo, -ya decapitado-, asciende portando su propia cabeza (se trata por tanto de un santo cefalóforo) hasta la ubicación actual de la basílica de San Miniato, donde pudo finalmente descansar en paz. Es en la cripta de la iglesia donde se conservan sus reliquias.

Historia de San Miniato

La gran diversidad de funciones que San Miniato ha desempeñado a lo largo de los siglos ha dejado huella en el templo. El campanario actual (inacabado) es obra de Baccio d’Agnolo, quien lo construyó en 1518 en sustitución del anterior, que se había derrumbado en 1499. Durante el sitio de Florencia en 1529 por parte de las tropas imperiales de Carlos V, Miguel Ángel lo hizo rodear de colchonetas para protegerlo de la artillería enemiga. Más tarde, el gran duque Cosme I convirtió la iglesia en fortaleza para aprovechar su privilegiada situación estratégica. El destino posterior del templo fue incluso sombrío: durante la epidemia de peste de 1630, San Miniato funcionó como hospital, y luego como asilo para acoger a los desamparados. Desde 1924 hasta hoy, el convento pertenece de nuevo a la orden benedictina de los olivetanos, que ya ocupó la iglesia a principios del xv.

La fachada

Desde el punto de vista de la historia de la arquitectura, San Miniato al Monte es, junto con el Baptisterio de San Giovanni, el ejemplo más sobresaliente del llamado protorenacimiento florentino. Durante el renacimiento se creía que San Miniato, lo mismo que el baptisterio, era una construcción romana. Las fachadas de ambos edificios están recubiertas de mármol blanco y verde oscuro, una muestra temprana del típico estilo florentino de incrustación. En la impresionante fachada de San Miniato (iniciada en el año 1075), se distinguen tres fases de construcción sucesivas que se corresponden con la planta baja, la parte superior y el frontón.

La planta baja está dividida por cinco arcos ciegos, que descansan en semicolumnas y encierran en su interior motivos geométricos sencillos. La parte superior, de configuración menos clásica y dotada de una ornamentación más rica, incluye un mosaico que representa a Cristo entre la Virgen y San Miniato. En el frontispicio triangular, los elementos decorativos son todavía más abundantes. Remata todo el conjunto arquitectónico un águila de cobre, emblema del gremio del Arte de Calimala, la entidad que financió la construcción de la iglesia.

El interior de la basílica

La estructura interior de la iglesia es de tipo basilical, con tres naves longitudinales sin transepto. Bajo el techo de madera, el espacio está dividido por arcos fajones en tres tramos iguales. Estos están divididos a su vez en tres naves por secuencias de tres arcos sostenidos por columnas y pilares. En la decoración reaparecen algunos motivos de la fachada. Los capiteles de las columnas son de una gran diversidad. Datan de diversas épocas: los del coro son los más antiguos, en parte de origen bizantino.

Siguiendo la tradición, el coro se construyó sobre la cripta, en la que descansan los restos mortales de san Miniato. El recinto del coro y el púlpito están decorados con incrustaciones en mármol. Michelozzo construyó en el año 1448, por encargo de Piero de Medici, la Capilla del Crucifijo situada delante del coro y de la cripta. Dicha capilla debía de albergar un crucifijo (conservado actualmente en Santa Trinità) relacionado con un milagro de la vida de san Juan Gualberto. Las pinturas de la Capilla Mayor, en la parte posterior del tabernáculo, fueron realizadas por Agnolo Gaddi.

Los muros de la nave central están adornados con pinturas que imitan incrustaciones en mármol, realizadas en el siglo XIX. En la misma época se cubrieron las columnas de la nave central con falso mármol. También se restauró el mosaico del ábside, que representa a Jesús bendiciendo entre la Virgen Maria san Miniato. Las teselas originales, de finales del siglo XIII, fueron sustituidas por otras más modernas.

Las bellas incrustaciones del pavimento (hacia 1207) imitan el arte oriental de las alfombras por medio de motivos geométricos que se alternan con imágenes figurativas.

Dos escaleras de mármol, ampliadas durante el Renacimiento, conducen al vasto presbiterio, dominado por el magnífico púlpito del siglo XIII. Éste representa a tres de los cuatro evangelistas e inmediatamente debajo se extiende el refinado recinto de mármol cuyas marqueterías parecen evocar el precioso esplendor de los muros de la Jerusalén celestial.

La Capilla del Cardenal de Portugal

En la nave de la izquierda descubrimos otro maravilloso añadido renacentista: la Capilla del Cardenal de Portugal, construida entre 1461 y 1466, obra de Antonio Manetti. En su interior alberga el sepulcro de un jovencísimo eclesiástico portugués fallecido en Florencia en 1459. Su cuerpo descansa bajo la mirada de los ángeles y de la Virgen María con el Niño Jesús, figuras esculpidas por Antonio y Bernardo Rossellino.

Otras estancias

La sacristía, de factura gótica, alberga los frescos de Spinello Aretino que, desde 1378, nos cuentan, algunos acontecimientos memorables de la vida de San Benito. De hecho, la sacristía ya pertenece al edificio principal del monasterio, reconstruido por los monjes benedictinos Olivetanos a partir de su llegada, en 1373. En esa fecha, habían sido llamados por el papa Gregorio XI para sustituir a la familia monástica benedictina, para entonces casi completamente extinta.

El diseño final del claustro, es de influencia de Michelozzo y, por lo tanto, se remonta a mediados del siglo XV. Éste incorpora de forma elegante y armoniosa el Palazzo dei Vescovi, la antigua residencia episcopal datada en el siglo XIII. El claustro superior, una elegante logia puntuada por esbeltas columnas jónicas , está adornado con un precioso ciclo de frescos de Paolo Uccello, iniciado después de 1447 y dedicado a las Vidas de los Padres del Desierto, cuya legendaria epopeya fue sentida como el arquetipo indispensable de toda vida ascética y, por tanto, un ejemplo permanente de santidad que los monjes de Monte Oliveto quisieron utilizar muchos siglos después, también a través de esas pinturas geométricas, casi metafísicas, para inspirar su renovada experiencia monástica, en otros lugares desgastada por mediocres compromisos.

Los textos son en parte de elaboración propia, parte de la web de la propia abadía de San Miniato al Monte y también del libro «Florencia. Arte y arquitectura» de Rolf C. Wirtz. Konemann. 2000.

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