Italia es un país de convivencias forzosamente naturales. Las ciudades Patrimonio de la Humanidad buscan las fórmulas para seguir avanzando en el tiempo mientras sus monumentos, que son como anclas en el pasado, siguen reclamando atenciones y turistas a partes iguales. Además de esto, en sus ciudades conviven lo sagrado y lo profano, lo eterno y lo cotidiano, lo estático y lo veloz, el amarillo y el blanco… la vespino y el mármol.
Así me encontré esta pequeña y llamativa motocicleta en la portada de la Ex Chiesa di Sant’Andrea Forisportam en Pisa, hoy reconvertida en teatro. Su portada típica de estilo románico pisano (s. XI), soporta al igual que otras, -con bastante clase, hay que decir-, cualquier tipo de vehículo estacionado ante sus puertas de bronce.
Raúl Alonso. Pisa, Italia. 5 de marzo de 2024, 17:24.

